Los cantos de Maldoror

miércoles, noviembre 04, 2009

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Me propongo, sin estar emocionado, declamar con poderosa voz la estrofa seria y fría que vais a oír. Prestad atención a su contenido y evitad la penosa impresión que ella intentará dejar como una mancha en vuestras turbadas imaginaciones. No creías que yo esté a punto de morir, pues todavía no soy un esqueleto ni la vejez se ha pegado a mi frente. Descartemos, por lo tanto, toda idea de comparación con el cisne en el momento en que su existencia huye, y no veáis ante vosotros más que un monstruo cuyo rostro me hace feliz que no podáis contemplar, aunque es menos horrible que su alma. Sin embargo no soy un criminal… Pero basta de este asunto. No hace mucho tiempo volví a ver el mar, pisé el puente de los barcos, y mis recuerdos son tan vivos como silo hubiera abandonado ayer. No obstante, si podéis, conservad la misma calma que yo en esta lectura, que ya me arrepiento de ofreceros, y no os sonrojéis ante el pensamiento de lo que es el corazón humano.



Viejo océano de olas de cristal, te pareces, en las proporciones, a esas marcas azuladas que se ven sobre el dorso magullado de los grumetes, eres un inmenso azul aplicado en el cuerpo de la tierra: me gusta esta comparación. Así, a primera impresión, un soplo prolongado de tristeza, que se creería el murmullo de tu brisa suave, pasa, dejando inefables huellas, sobre el alma profundamente conmovida, y, sin que siempre se advierta, evocas el recuerdo de tus amantes, los duros comienzos del hombre en los cuales tiene conocimiento del dolor, que no le abandona jamás. ¡Te saludo, viejo océano!

Viejo océano, tu forma armoniosamente esférica, que alegra la cara grave de la geometría, me recuerda demasiado los ojos pequeños del hombre, similares por su pequeñez a los del jabalí, y a los de las aves nocturnas por la perfección circular de su contorno. Sin embargo, el hombre se ha creído hermoso en todos los siglos. Pero yo creo que el hombre sólo cree en su belleza por amor propio, pues en realidad no es bello y él lo sospecha; si no, ¿por qué mira el rostro de su semejante con tanto desprecio? ¡Te saludo, viejo océano!

Viejo océano, eres el símbolo de la identidad: siempre igual a ti mismo. Nunca cambias de una manera esencial, y, si tus olas están en alguna parte furiosas, más lejos, en alguna otra zona, se hallan en la más completa calma. No eres como el hombre, que se detiene en la calle para ver cómo se atenazan por el cuello dos perros y no se detiene cuando pasa un entierro, que por la mañana es asequible y por la tarde está de mal humor, que ríe hoy y mañana llora. ¡Te saludo, viejo océano!

Viejo océano, no sería nada imposible que escondieras en tu seno futuros de utilidad para el hombre. Ya le has dado la ballena. No dejas adivinar fácilmente a los ojos ávidos de las ciencias naturales los mil secretos de tu íntima organización: eres modesto. El hombre se vanagloria de continuo, y por minucias. ¡Te saludo, viejo océano!

Viejo océano, las diversas especies de peces que alimentas no se han jurado fraternidad entre sí. Cada especie vive por su lado. Los temperamentos y las conformaciones que varían en cada una de ella, explican, de una manera satisfactoria, lo que al principio sólo parece una anomalía. Igual sucede con el hombre, que no tiene los mismos motivos de excusa. Un trozo de tierra está ocupado por treinta millones de seres humanos, pero ellos se creen obligados a no mezclarse en la existencia de sus vecinos, fijos como raíces sobre el pedazo de tierra contiguo. Descendiendo del grande al pequeño, cada hombre vive como un salvaje en su guarida, y raramente sale de ella para visitar a su semejante, acurrucado igualmente en otra guarida. La gran familia universal de los hombres es una utopía digna de la lógica más mediocre. Por otra parte, del espectáculo de tus mamas fecundas se desprende la noción de ingratitud, pues se piensa en seguida en los numerosos padres, tan ingratos hacia el Creador, para abandonar el fruto de su miserable unión. ¡Te saludo, viejo océano!

Viejo océano, tu grandeza material sólo es comparable a la medida que uno se hace de la potencia activa que ha sido necesaria para engendrar la totalidad de tu masa. No se te puede abarcar de una ojeada. Para contemplarte es preciso que la vista haga girar su telescopio con movimientos continuos hacia los cuatro puntos del horizonte, de igual modo que un matemático, a fin de resolver una ecuación algebraica, está obligado a examinar separadamente los diversos casos posibles, antes de resolver la dificultad. El hombre come sustancias nutritivas, y hace otros esfuerzos dignos de mejor suerte para dar impresión de grueso. Que se hinche cuanto quiera esa adorable rana. Quédate tranquilo, nunca igualará tu corpulencia; al menos eso supongo. ¡Te saludo viejo océano!

Viejo océano, tus aguas son amargas. Tienen exactamente el mismo sabor que la hiel que destila la crítica sobre las bellas artes, sobre las ciencias, sobre todo. Si alguien tiene genio, se le hace pasar por un idiota; si algún otro es bello de cuerpo, se le hace un horrible contrahecho. En verdad, es preciso que el hombre sienta con fuerza su imperfección, cuyas tres cuartas partes son debidas a sí mismo, para que lo critique de ese modo. ¡Te saludo, viejo océano!

Viejo océano, los hombres, a pesar de la excelencia de sus métodos, todavía no han conseguido, ayudados de los procedimientos de investigación de la ciencia, medir la profundidad vertiginosa de tus abismos, los cuales han reconocido inaccesiblemente las sondas más largas y pesadas. A los peces… les está permitido: no a los hombres. A menudo me he preguntado qué será más fácil de reconocer: la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. Con frecuencia, con la mano, de pie sobre los barcos, mientras la luna se balanceaba entre los mástiles de forma irregular, me he sorprendido, haciendo abstracción de todo lo que no fuera el objeto que perseguía, esforzándome por resolver ese difícil problema. Si, ¿cuál es más profundo, más impenetrable de los dos; el océano o el corazón humano? Si treinta años de experiencia de la vida pueden, hasta cierto punto, inclinar la balanza hacia una u otra de esas soluciones, me estará permitido decir que, pese a la profundidad del océano, no podrá colocarse al ras, en cuanto a la comparación sobre dicha propiedad, con la profundidad del corazón humano. He estado en relación con hombres que han sido virtuosos. Morían a los sesenta años y nadie dejaba de exclamar: «Han hecho el bien en este mundo, es decir, han practicado la caridad: eso es todo, no hay en ello picardía alguna y cualquiera puede hacer otro tanto». ¿Quién comprenderá por qué dos amantes que se idolatraban la víspera, por una palabra mal interpretada, se separan, uno hacia oriente, otro hacia occidente, con los aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y no se vuelven a ver más, cada uno embozado en su solitaria soberbia? Es un milagro que se renueva cada día y que por ello no es menos milagroso. ¿Quién comprenderá por qué se saborean, no sólo las desgracias generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos más queridos, aunque se está afligido al mismo tiempo? Un ejemplo incontestable para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente sí y piensa no. Por eso los jabatos de la humanidad tienen tanta confianza los unos en los otros y no son egoístas. Le queda a la sicología muchos progresos que hacer. ¡Te saludo, viejo océano!



Viejo océano, oh gran célibe, cuando recorres la solemne soledad de tus reinos flemáticos, te enorgulleces, con razón, de tu magnificencia nativa y de los justos elogios que me apresuro a dedicarte. Mecido voluptuosamente por los suaves efluvios de tu lentitud majestuosa, que es el más grandioso de los atributos con que el soberano poder te ha gratificado, en medio de un sombrío misterio, tú haces rodar por toda tu sublime superficie tus incomparables olas, con el sentimiento sereno de tu poder eterno. Ellas se persiguen paralelamente, separadas por cortos intervalos. Apenas una disminuye, otra, creciendo, va a su encuentro, acompañada del rumor melancólico de la espuma que se deshace para advertirnos de que todo es espuma. (Así, los seres humanos, esas olas vivientes, mueren uno tras otro, de una manera monótona, sin dejar siquiera un ruido de espuma). El ave de paso reposa, confiada sobre ellas, y se abandona a sus movimientos llenos de gracia arrogante, hasta que los huesos de sus alas han recobrado el vigor preciso como para continuar la aérea peregrinación. Quisiera que la majestad humana sólo fuera la encarnación del reflejo de la tuya. Pido demasiado, y ese deseo sincero te glorifica. Tu grandeza moral, imagen del infinito, es inmensa como la reflexión del filósofo, como el amor de la mujer, como la belleza divina del ave, como la meditación del poeta. Eres más bello que la noche. Respóndeme, océano, ¿quieres ser mi hermano? Agítate con impetuosidad… más… todavía más, si quieres que te compare con la venganza de Dios; alarga tus garras lívidas y fráguate un camino en tu propio seno… está bien. Haz que rueden tus olas espantosas, horrible océano sólo por mi comprendido y ante el que caigo prosternado de rodillas. La majestad de los hombres es prestada; no se impone: tú, sí. Oh, cuando avanzas, con la cresta alta y terrible, rodeado por tus repliegues tortuosos como por un cortejo, magnético y salvaje, haciendo rodar tus olas unas sobre otras con la conciencia de lo que eres, mientras lanzas desde las profundidades de tu pecho, como abrumado por un remordimiento intenso que no puedo descubrir, ese sordo bramido perpetuo que los hombres tanto temen, incluso cuando te contemplan, estando seguros, temblorosos desde la orilla, y entonces veo que no tengo el insigne derecho de llamarme tu igual. Por eso, en presencia de tu superioridad, te daría todo mi amor (y nadie conoce la cantidad de amor que contienen mis aspiraciones hacia lo bello), si no me hicieses dolorosamente pensar en mis semejantes, que forma contigo el más irónico contraste, la antítesis más grotesca que jamás se haya visto en la creación: no puedo amarte, te detesto. ¿Por qué vuelvo a ti, por milésima vez, hacia brazos amigos, que se abren para acariciar mi frente ardiente, cuya fiebre siento desa¬parecer sólo a tu contacto? No conozco tu oculto des¬tino, pero todo lo que te concierne me interesa. Dime entonces si eres la morada del príncipe de las tinieblas. Dímelo… dímelo, océano (a mí sólo, para no entristecer a aquellos que no han conocido sino las ilusiones), y si el soplo de Satán crea las tempestades que levantan tus aguas saladas hasta las nubes. Es preciso que me lo digas porque me alegraría saber que el infierno está tan cerca del hombre. Quiero que esta sea la última estrofa de mi invocación. Por lo tanto, una sola vez más, quiero saludarte y darte mi adiós. Viejo océano, de olas de cristal… Mis ojos se humedecen de abundantes lágrimas, y no tengo fuerzas para seguir, pues siento que ha llegado el momento de volver con los hombres de aspecto brutal; pero… ¡ánimo! Hagamos un gran esfuerzo y cumplamos, con el sentimiento del deber, nuestro destino sobre esta tierra. ¡Te saludo, viejo océano!



playing on the road

lunes, septiembre 21, 2009

Bienvenidos a R de medianoche, hoy disfrutaremos del suave jazz de Johnny Hartman, hablaremos de la línea alemana de juguetes de plástico más conocida del mundo y también tenemos a un joven periodista que esconde un plátano, luego veremos donde... toma toma...

Empezaremos por hablar de Playmobil, esos juguetes que habrán marcado la infancia de miles de niños de todas las generaciones, entre ellos la mía.
Por si alguien no lo sabe, ya bien sea porque ha sido lobotomizado u otros menesteres en los cuales no interferiré, la característica de estos juguetes son muñequitos de unos 7-8 cm de altura con escasa movilidad, por no decir que los antiguos solo tenían móvil la parte de la cintura y como mucho la cabeza siendo en su momento el novamás. Luego ya fueron "modernizándose" y los más actuales podían gozar de la movilidad de la cabeza, los brazos, las piernas, las muñecas y lo más impactante la barba, nunca entendí que pudieras subírsela hasta la frente...
En fin, dicho así no puede parecer un juguete brillante pero lo que realmente hacía de estos muñequitos algo especial era la cantidad de accesorios, edificios, animales y plantas en su misma escala que permiten crear o recrear infinidad de situaciones y escenarios.
En mi caso, tuve la fortuna de heredar los que ya tenía mi hermano y poder entre los dos tener una considerable colección de playmobils, principalmente de época medieval, aunque también tenemos muchos del oeste americano o piratas. Lamentablemente en su momento no habian aun ambientados en Roma y Egipto de la edad clásica. No habría sido capaz de tener infancia sabiendo que existían tales maravillas fuera de mi alcance.

Dejo algunas fotos que tuve ocasión de hacer no hace mucho de mi propia colección.



Spaghetti Western Plastificado


No hay nada como que asalten tu fuerte sin perder la sonrisa.









Haciendo el indio.



Amante de los búfalos apunto de morir aplastado por uno de ellos.



Cada cual a lo suyo .



Medievooooo


Los dragones y panteras como mascotas eran de lo más habitual en aquellos tiempos.


Qué sexys y malotes!!



Dicen que no es afortunado el reino que tiene héroes, sino pobre es aquel que los necesita. Siempre y cuando ese héroe no sea el maravilloso hombre-coco, creación por cortesía de mi extremadamente sexy y encantadora colaboradora, sin la cual este regreso al pasado (sin De Lorean ni nada, eso que nos ahorramos en gasolina) posiblemente no se habría dado.










Vista de Playmobil

Que nadie tema, el hombre coco sigue velando por la seguridad del reino.




Borrachuzos.




Explotación infantil.

Torneo de justas con fulana del pueblo incluida en la tienda de campaña.




Trapicheos.


The magician.








No está de más poco de jazz para poder digerir tal infinita sucesión de fotos.







Y para terminar, como lo prometido es deuda, una imagen del famoso periodista y su calenturienta fruta del amor.






Verdades cobardes y mentiras piadosas

sábado, noviembre 08, 2008

Generalmente, las mujeres se sienten atraídas por gentiles caballeros, o arrogantes divinos, elegidos previamente, que a su vez corresponden el gusto.
¿Y el gentil caballero busca algo más que un hermoso florero o simplemente por presumir de dama se cree rey de camas?.

Mal pronóstico cuando la dulce dama busca la misma imagen del ex que huyó, o con las características de papá, o simplemente una pareja idealizada. El señor enamorado, se sentirá molesto, frustrado, ofuscado, y se transformará en un monstruo, que sentirá deseos de quemar a la bruja que quiere convertirlo en un novio a control remoto. Su corazón, su mente, sus sentimientos no son arcilla moldeable a la necesidad afectiva de su agrado.

Caso aparte, pero no por ello poco frecuente, es el del caballero que grabado en su escudo de armas, en el dorso, por supuesto, donde solo él o unos pocos puedan conocer, llevan impreso su lema por excelencia “prometer hasta meter”.

Cuando el mamporrero divino por excelencia (llámese Cupido, Eros, Dionisio o su pu!#>a madre) cumple su cometido, surgen incontables despropósitos que, cogiditos de la mano, inundan los paseos dominicales de toda ciudad.

Por ejemplo, existen los denominados amores divos, son esos en los que uno de los componentes de la pareja se quiere mucho a sí mismo a través de los demás. Narcisos vueltos cardos que se deben únicamente a su público, mientras utilizan las más sinceras emociones de la pareja como amplificador para multiplicar el placer que de forma natural se darían.

Amores alfombra, que ocultan aun más mierda de la que se ve. Amores taxidermistas que ellos solos se encargan de matar, ahogar y disecar todo aquello por lo que un día surgió. Amores puente que sólo sirven para preparar la siguiente relación. Y así la lista se podría prolongar casi a tantas relaciones hay. Con especial atención al casi.

Por supuesto, para terminar, no se puede dejar de nombrar el amor monopolar. El no correspondido, mi favorito por excelencia, aquel que acaba convirtiéndose en un suicidio sentimental. ¿Quién no ha intentado hacer volar una cometa sin viento?.


Solo perdurará el amor en el tiempo cuando los deseos inconscientes tengan correspondencia entre si.

El resto son verdades cobardes y mentiras piadosas.

C.S.I......Alicante

martes, septiembre 09, 2008

Ni al mejor guionista se le hubiese ocurrido semejante detención.


No se si está loco, es un caradura o que le pasa a este hombre, pero lo que está claro es que con tantas profesiones y creencias no me extraña que se salte los semáforos, si no debe tener tiempo para nada. Quizás sea por la crisis económica que obliga a la gente a pluriemplearse masivamente.

Como me enfade verás!

sábado, agosto 02, 2008

Según Bill Bryson en su libro "Una Breve Historia de Casi Todo" dice que un adulto de talla media contiene en su estructura un mínimo de 7*10^18 julios de energía potencial y que suponiendo que supieses liberarla (y que realmente quisieses hacerlo) equivaldría a la energía suficiente para estallar con la fuerza de 30 bombas de hidrógeno.


La verdad es que parece una afirmación un tanto exagerada, pero cuando lees cosas así es inevitable pensar en esa serie que marcó la infancia de la mayoría de nuestra generación, así que para quien aún o sepa a que me refiero pondré un ejemplo de como NO se debe autoexplotar.



No deja de inquietarme que el color de la explosión sea rosado como el humito que desprende luego, ¿acaso es una sutil forma de expresar la sexualidad de Chaoz?, de ser así, ¿podríamos hablar de un claro ejemplo de homofobia reflejada en la enorme sonrisa de Piccolo tras la muerte de Chaoz?. Son preguntas que quizás jamás obtengan respuesta, como tampoco se obtenga nunca explicación lógica al problema de proporción, o mejor dicho, desproporción que siempre ha habido en los cuerpos de los personajes de Dragon Ball, no hay más que ver a Vegeta al final del vídeo que parece que se haya escapado de la carpa de los enanos del circo.

En fin... para terminar bien la entrada solo puedo decir "Tudu chi bom pra voceâ".

Feliz cumpleyears Chuache!!

jueves, julio 31, 2008

Para conmemorar los 61 años que cumplió ayer el señor Arnold Schwarzenegger he repescado este grandioso documental que como no podía ser menos viene de la mano de Chuache. Marcó un antes y un después en el mundo de los reportajes y seguramente los de National Geographic aun estarán dándose cabezazos en la pared por no haber tenido ellos una idea así.








Sin lugar a dudas el momento en el que con sus manos hace el gesto de unas gafas o la simulación de una felación con una patata frita (o lo que sea eso) son de esas imágenes que permanecen grabadas en la retina.


"Amourrrrrr... BUNDA, yhea I like BUNDA"(todo un poeta)

House of the rising sun

lunes, julio 14, 2008

Despues de mil intentos con mil páginas distintas de poner una miserable canción y que no me hayan dejado, ya que no quiere cargarla (dejo la muestra de la gracia), al final he optado por poner un video de youtube que espero que se pueda ver almenos.



There is a house in New Orleans,


They call the Rising Sun


And it's been the ruin of many a poor boy,


And God, I know I'm one.


My mother was a tailor,


She sewed my new blue jeans.


My father was a gamblin' man,


Down in New Orleans.


Now, the only thing a gambler needs


Is a suitcase and a trump


And the only time that he's satisfied


Is when he's all a-drunk.


Oh, Mother, tell your children


Not to do what I have done.


Spend your lives in sin and misery


In the house of the rising sun.


Well, I've got one foot on the platform.


The other foot on the train.


I'm going back to New Orleans


To wear that ball and chain.


Well, there is a house in New Orleans


They call the Risin' Sun


And it's been the ruin of many a poor boy.


And God, I know I'm one.




TRADUCTION (aunque no sea muy complicado de entender en inglés XD)


Hay una casa en New Orleans


Que llaman "El Sol Naciente"


Y ha sido la ruina de muchos chicos pobres


Y dios sabe que yo soy uno de ellos.


Mi madre era sastre


ella cosió mis nuevos bluejeans,


Mi padre era un jugador


Ahí en Nueva Orleans


Ahora, la única cosa que un jugador necesita


Es una maleta y un triunfo


Y el único momento en que él está satisfecho


Es cuando está borracho


Oh madre dile a tus hijos


Que no hagan lo que yo he hecho


Gastar sus vidas en pecado y miseria


En la casa del sol naciente


Bueno, yo tengo un pie en el andén


El otro pie en el tren


Voy de vuelta a Nueva Orleans


A llevar la bola con cadena


Bueno, hay una casa en Nueva Orleans


La llaman "El sol naciente"


Y ha sido la ruina de muchos chicos pobres


Y dios sabe que yo soy uno de ellos.




Hay varias versiones de esta canción de fecha y autor desconocidos, pero de las que he escuchado esta es la que más me GUUUTA. En otras versiones en lugar de ser desde la perspectiva de un hombre es desde el punto de vista de una mujer que sigue a un jugador hasta Nueva Orleans y acaba de prostituta en la "Casa del Sol naciente". Sea como sea todas las versiones tienen en común "The House of the Rising Sun" como un antro de vicio y perdición, y no se si es porque he visto demasiadas peliculas de Clin Eastwood pero un lugar con unas historias asi de oscuras sería ideal para un buen western.


Por cierto he mirado pero no existe en la actualidad "The House of the Rising Sun" y ni siquiera se sabe con certeza si existió.